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Marcos 4, 35-41

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Señor, esta semana ha muerto el abuelito de Érika, después de aguantar en casa muchas semanas de delirios, dolores y -estoy seguro- preguntas que nadie podía responder satisfactoriamente, sobre cómo sería la vida sin él y sobre qué sería de él mismo después de la muerte. Señor, estamos en un mundo más parecido a una tormenta en alta mar que a una verde pradera y sin embargo rara vez acudimos a ti a pedirte ayuda. A menudo damos por sentado que cualquiera que pudiese estar por encima de estas terribles circunstancias nunca se le ocurriría estar también en medio sufriéndola. A menudo te imaginamos lejos de ella, disfrutando de todo aquello que nosotros no podemos disfrutar por no tener tus poderes y no tener tú nuestras debilidades. Hoy Señor quiero verme a mi mismo como se vieron aquellos discípulos tuyos en la barca, a punto de hundirse por la tormenta, clamando a tu hijo -que estaba allí con ellos- como a alguien que sí compartía su dolor y podía compadecerse de ellos. Ven Señor, ...

precisamente ella

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Señor, tú conoces todas las cosas. Recuerdas también, estoy seguro, los detalles que yo mismo habré olvidado de cómo fue germinando en mí el deseo de tenerla a ella, cómo poco a poco iba esa idea tomando forma y cómo me esforcé durante años -contra viento y marea- en que ella fuese finalmente una realidad. Me acuerdo de cómo quise hacerlo sin tener en cuenta tu opinión y, Señor, sabes cuánto valoro que ella no haya pagado por eso. Sé Señor que, a pesar de nuestros esfuerzos, todo lo bueno que contiene el resultado, ha dependido directamente de ti. Has sido tú, Señor, quien lejos del alcance de nuestras mejores y peores intenciones, has ido formándola precisamente a ella, a esta pequeña y preciosa criatura tuya a la que hemos dado nombre de Érika. Sé, oh Padre, que has sido tú quien hiciste que una célula con otra fuese formando este milagro. Sé que, a día de hoy, sorteas con ella los peligros inherentes de esta vida. ¡Gracias, oh Dios, por poner allí dónde no llego yo!. Protege tambi...

día del padre

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Ayer, que como ya sabes era el día del padre, mientras Érika jugaba con la vaca bailarina en el asiento de atrás del coche, recordaba con temor lo que hace tres años había omitido intencionadamente en mis oraciones sobre mis lecturas de Nehemías -escritas al principio en este mismo blog. Recuerdo perfectamente que en mis oraciones omití los episodos relativos a las mujeres no judías que según los relatos de Nehemías y Esdras, en consecuencia al arrepentimiento del pueblo eran despedidas. Señor, las omitía, lo sabes bien, porque yo no quería despedir a la mía. Ahora, Padre, veo con más perspectiva que a pesar de lo desgraciado que me he sentido hasta el día de hoy por el mal que me ha sobrevenido hay algo por lo que puedo sentirme bienaventurado; y es que tú me proteges también de mi mismo y de mis propios errores, y que tú pones fielmente ahí donde a mi me falta. Te quiere, tu hijo.

Victoria sobre los enemigos

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"Santo, Santo, Santo, Señor poderoso. El cielo y la tierra están llenos de tu gloria, Bendito en las alturas, Bendito eres tú, que has venido, y vendrás en el nombre del Señor. Hosana en las alturas." "Sourp-Sourp" de Luzine Zakarian (1937-1992) El mundo gime bajo el peso de nuestro pecado; y nos angustia tu ausencia y silencio. Señor y Padre, te alabo y te doy las gracias por tu misericordia,, por la gracia que has mostrado trayendo salvación y luz a mi vida. Gracias por hacerme parte de tu familia. Gracias por perdonar mi pecado, no es que lo hayas ignorado, como si la justicia te diese igual, sino que lo has perdonado con un altísimo precio. Has venido a buscarme cuando yo, rebelde, ignorante y torpe, como una espantosa alimaña trataba de burlarme de ti y de tu voluntad. Padre, por eso sé que me amas y tienes cuidado de mi. Porque no me has dejado ir. Te ruego que me ayudes a vivir con el mismo ánimo la aflicción que la bendición. Señor, ha sido tu voluntad que p...

fiel

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"Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar; tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho" (2 Crónicas 20, 25) Oh Padre amable, ¡gracias por todo lo que has hecho conmigo! Como aquel día que entregaste a tu pueblo tan abundante botín que ni siquiera podía llevarlo así tú, en tiempos de crisis, me has dado tantos trabajos cerca de nuestra preciosa Érika que no he podido aceptarlos todos. Ciertamente disfruto leyendo sobre tu carácter generoso, tan opuesto a mi miserable egoísmo, leyendo que mi copa está "rebosando" y que cuando multiplicas el pan siempre sobra una parte. Has hecho que en todo momento me sienta acompañado por ti, no sólo en los malos momentos, sino también en el momento de la victoria. ¡Gracias porque no eres como nosotros y permaneces fiel! Gracias también por el testimonio de tu Palabra, ...

Salmo 31

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En ti, Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás. ¡Líbrame en tu justicia! Inclina a mí tu oído, líbrame pronto. ¡Sé tú mi roca fuerte y la fortaleza para salvarme! Tú eres mi roca y mi castillo; por tu nombre me guiarás y me encaminarás. ¡Sácame de la red que me han tendido, pues tú eres mi refugio! En tu mano encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, Jehová, Dios de verdad. Aborrezco a los que esperan en ídolos vanos; mas yo en Jehová he esperado. Me gozaré y alegraré en tu misericordia, porque has visto mi aflicción, has conocido las angustias de mi alma. No me entregaste en manos del enemigo; pusiste mis pies en lugar espacioso. Ten misericordia de mí, Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, también mi alma y mi cuerpo. Mi vida se va gastando de dolor y mis años de suspirar; ¡se agotan mis fuerzas a causa de mi maldad y mis huesos se consumen! De todos mis enemigos soy objetode oprobio, y de mis vecinos mucho más; soy el horror de mis conoci...

lo queremos todo

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Señor, mi Dios, envuelto en la angustia que producen mis crisis familiares y económicas -Padre, sabes cuánto echo de menos a Érika-, oyendo otra vez las palabras que tu hijo Jesús habló cuando estuvo con nosotros, he vuelto a sorprenderme de la confusión de mi mente, de lo distinta que es siempre mi apreciación de la realidad, al juicio que haces tú de ella. Padre, al volver a descubrir cómo son precisamente los desheredados, extranjeros y pobres aquellos que son bendecidos por ti, Señor, no puedo dejar de recordar también que tu mismo hijo no tuvo dónde recostar su cabeza, ni tampoco una gran familia a su alrededor que le consolase a parte de a ti su Padre, que estabas en los cielos. Estoy seguro de que tenerle lejos a él tampoco fue fácil para ti. Y Señor, que también eres Padre mío por tu misericordia, necesito pedirte perdón por menospreciar lo que me has dado, porque lo que tengo inevitablemente lo tengo porque tú así lo has querido, y debe ser eso precisamente lo que necesito se...